Diseño de los conductos de ventilación

Diseño de los conductos de ventilación

Los conductos de ventilación son un elemento básico de cualquier instalación de ventilación. Su principal función dentro del sistema de ventilación consiste en transportar el aire hacia la estancia que se desea. Existen muchos tipos de conductos de ventilación: según el material de fabricación, según su diámetro, según si son o no aislados, etc. Cada uno de ellos tiene una aplicación diferente y su elección suele estar regida, como en la mayoría de casos, por la normativa vigente. En este artículo hablaremos sobre el diseño de los conductos de ventilación, sin entrar en detalles sobre su construcción.

 

Además del ventilador, los conductos son también un elemento principal que determina una correcta ventilación. Antes de seleccionar un conducto, se deben haber realizado los cálculos convenientes que requiere la instalación. Para ello, debemos seguir los siguientes pasos:

  1. Calcular el caudal
  2. Determinar la velocidad de paso
  3. Minimizar las pérdidas de carga

 

1. Cálculo del caudal

El primer paso es determinar el caudal necesario en cada estancia o cámara. Una vez calculado el caudal, se puede empezar a dimensionar la red de conductos. Conociendo la cantidad de aire (caudal) que circula por una sección conocida, podemos estimar la velocidad a la que circulará el aire a través de los conductos. Para poder realizar el cálculo del caudal, deberemos referir a la normativa vigente.

 

2. Determinar la velocidad de paso

La velocidad de paso del aire es seguramente el parámetro más importante en el momento de dimensionar la instalación. Las velocidades altas, como por ejemplo, más de 10 m/s, no son recomendables en instalaciones fuera del sector puramente industrial, donde se aconsejan para el transporte de partículas o para secaderos.

Existen normativas, según la aplicación, que limitan esta velocidad de paso. Por ejemplo, el Código Técnico de la Edificación (CTE), limita la velocidad de paso del aire a 4 m/s, mientras que el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), aconseja unas velocidades máximas de paso que pueden ser de 6 m/s en oficinas, bibliotecas, museos, etc.

Lógicamente, cuanto mayor sea el diámetro del conducto, menor será la velocidad de paso del aire. La velocidad de paso es tan importante debido a que influye directamente en el ruido y en las pérdidas de carga de la instalación.

A mayor velocidad, mayor será el ruido que emite el aire al pasar por el conducto. Si se alcanzan velocidades muy altas, como podrían ser de más de 20-25 m/s, se puede incluso llegar a escuchar un “pitido”.

 

3. Minimizar las pérdidas de carga

Respecto a las pérdidas de carga de la instalación, igual que ocurre con el ruido, a mayor velocidad más dificultad tendrá el aire para pasar a través de los conductos y vencer las pérdidas de carga de la instalación.

 

Finalmente, existe un último parámetro que entra en juego cuando las pérdidas de carga aumentan y es la potencia consumida del ventilador. Cuánto mayores sean estas pérdidas de carga, mayor será la potencia consumida según las leyes de la ventilación.

 

Por tanto, además de proponer velocidades bajas o relativamente bajas, aunque siempre adecuadas a su aplicación, se recomienda siempre reducir al máximo las pérdidas de carga de la misma. Para ello podemos reducir el número de codos, giros inesperados, reducciones innecesarias, etc. De este modo podremos seleccionar un ventilador de menor potencia nominal, que lógicamente consumirá menos.

 

Conclusión

En conclusión, queda claro que el dimensionamiento y diseño de los conductos es muy importante en cualquier instalación, por lo que debemos asegurarnos que durante la fase de diseño de la instalación se prevé espacio suficiente para todas las conducciones necesarias.

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