Falta de oxígeno: ¿a qué se debe?

Falta de oxígeno: ¿a qué se debe?

El oxígeno (O2) es el gas fundamental para los seres humanos. Garantiza que el metabolismo funcione adecuadamente, puesto que es imprescindible para la oxigenación de las células.

Este gas está presente en una proporción fija en el aire, que ronda el 21 %. Este nivel de oxígeno es prácticamente uniforme en todo el mundo; con pequeñas variaciones debidas a condicionantes como el tráfico o la altitud. A medida que aumenta la altitud de la localización, esta concentración disminuye (por ejemplo, en ciudades como México), lo que hace necesario un periodo de adaptación para evitar lo que se conoce como mal de altura. Este mal es especialmente acuciante en la práctica del montañismo.

Esta analogía es importante para comprender qué sucede cuando en un edificio tenemos niveles bajos de oxígeno, que dan lugar a problemas como dolores de cabeza, problemas de concentración o sueño.

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El nivel oxígeno del interior del edificio disminuye, fundamentalmente, debido a la respiración de los habitantes (personas, animales o plantas). A medida que este nivel de oxígeno disminuye, es necesario e imprescindible renovar el aire con aire de ventilación para mantener el nivel de oxígeno dentro de los parámetros recomendados y evitar cualquier tipo de problemas.

La disminución de los niveles de oxígeno en el edificio puede darse, fundamentalmente, por dos causas: desplazamiento de oxígeno o disminución de la concentración.

 

  • Bajo nivel de oxígeno por desplazamiento

A medida que aumenta el nivel de concentración de otros gases, disminuye el porcentaje de oxígeno. Este caso es el más común en los edificios, y la causa más habitual es la presencia de otros contaminantes como compuestos orgánicos volátiles (VOC) u otros gases.

 

  • Bajo nivel de oxígeno por reacción

En este caso, el nivel de oxígeno disminuye porque se produce una reacción que lo consume, lo cual afecta a su concentración efectiva. En el funcionamiento normal de un edificio, lo más habitual es que el consumo de este oxígeno se produzca por la respiración de los usuarios. Un caso extremo en un funcionamiento no habitual, es la existencia de un incendio. En tal situación, se produce un elevado consumo de oxígeno debido a la combustión. Además, en este caso, los productos de la combustión generan desplazamiento de oxígeno y también son tóxicos, lo cual supone un grave riesgo para la vida.

falta de oxigeno

En ambos casos, la ventilación es la solución para mantener los niveles de oxígeno dentro de los márgenes requeridos para garantizar la salubridad en el edificio. Para garantizar que no falte el oxígeno, podemos llevar a cabo la ventilación mediante dos métodos:

 

  1. Renovación de aire no controlada

En este caso, se lleva a cabo la renovación del aire sin medir el nivel de oxígeno en el interior del edificio. Se emplean unos caudales de ventilación que están fijados con base en parámetros como superficie, volumen, normativa, ocupación, etc. Estos caudales de diseño están siempre del lado de la seguridad, lo cual garantiza que no existen riesgos para las personas y son, por lo tanto, muy elevados. Esto origina un elevado consumo energético por excesiva ventilación. Además, no existe garantía de que se estén manteniendo los niveles adecuados de oxígeno, al no existir ningún tipo de medición.

 

  1. Renovación de aire controlada con medición de niveles de oxígeno

La forma de renovar el aire garantizando que se mantienen los niveles de concentración requeridos es usar un sistema de renovación basado en la medición de la concentración. Habitualmente, no se mide el nivel de oxígeno, sino que se mide la concentración de CO2 o de otros elementos contaminantes, que indican la existencia de un bajo nivel de oxígeno.

La ventilación es, por lo tanto, la garantía para mantener en un edificio o una vivienda unos niveles de calidad del aire adecuados para el confort y la salubridad.

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